Pedro Bargero
Pedro Bargero

 Durante las vacaciones de su infancia su mamá lo subía a un ómnibus de larga distancia y seis horas después Pedro bajaba en el pueblo de sus abuelos, donde lo esperaban la pasta casera de su abuela, los viajes al tambo con su abuelo y los asados.

La adolescencia fue su último registro lejos de la cocina, fue allí cuándo se decidió a hacer algo creativo con sus manos. Ya no hubo vuelta atrás. Descubrió que sus manos le guiaban los pasos y, a medida que avanzaba en los estudios de gastronomía, empezó a generarse y cumplir nuevos sueños: trabajar en La Bourgogne Relais Châteaux de Punta del Este, en el DOM de San Pablo, el reconocido restaurante de Alex Atala, en Chila junto a Soledad Nardelli.
Con los estudios concluidos, llegó el momento de concretar su vivencia en Francia: la inició en Mirazur, con Mauro Colagreco, 2 Michelín, sobre la costa mediterránea, donde se levantaba a las 5 de la mañana para cosechar en la huerta que forma parte del restó, y en las colinas que lo circundan, lo que cocinaba cada día.
Tras su paso por Bélgica, en el restó hotel L´ Air Du Temps – con una inmensa huerta-granja, columna vertebral del restaurante, Colagreco lo contactó con David Toutain, 2 Michelin, para que trabajara en París, en el restaurante de sus sueños. Allí Pedro sintió a en la piel su pasión por la cocina, el ritmo que impone la excelencia, la visión del restaurante como una gran familia. Dormía cuatro horas diarias para poder llegar al mercado a seleccionar los productos, y vivía para cocinar día a día. En plena felicidad Parisina, fue seleccionado por San Pellegrini, como unos de los 10 mejores jóvenes chefs de Francia 2015.
Regresó durante un año mas a Chila, como mano derecha de Soledad Nardelli, y volvió a partir por un nuevo desafío Londres, Roma, y Moscú en el 15 Kitchen-Bar. Estaba en Moscú cuando recibió el llamado-casi orden- de Andrés Porcel: “Te quiero acá, como chef ejecutivo de Chila”.
Desde enero 2017 parte temprano al Mercado Central en buenos Aires, varios días a la semana, para tratar directamente con los productores, y elegir en persona la materia prima que llevará a su cocina: con ella prueba, elabora, combina, juega, y en esa etapa de creación va descubriendo que sus manos, poco a poco, le van revelando nuevos secretos.